1 Una máquina que escribe poesía



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Figura 28. Las señales eléctricas (potenciales de acción) se generan por la rápida entrada de sodio (Na+) y salida de potasio (K+) de las neuronas. El movimiento de estos iones origina cambios en la carga eléctrica de la célula.
presión para que salga de ella. Ese chorro hacia fuera de K+ genera una nueva corriente eléctrica. Lo importante es que esa corriente es opuesta a la que había ocurrido antes debido al flujo de Na+: el Na+ entra en la célula y descarga la batería, y el K+ sale de la célula y, al hacerlo, saca cargas + del interior, con lo que se restituye la distribución inicial de cargas a ambos lados de la membrana (figura 28). ¡La batería neuronal está de nuevo cargada!

Según el proceso que acabo de describir, una señal eléctrica en una neurona se produce por la entrada a la célula de un chorro de Na+ seguida de la salida de un chorro de K+: esta secuencia es lo que constituye un potencial de acción, esa señal eléctrica que hemos visto repetidas veces a lo largo del libro y que representa cada 1 de su particular código binario. La concentración de Na+ en el exterior de la célula y de K+ en el interior es suficiente para permitir la producción de varios potenciales de acción seguidos (es decir, varios chorros de Na+ y K+) pero, como te puedes imaginar, llegará un momento en que disminuya mucho el depósito exterior de Na+ y el interior de K+ y la neurona pierda su capacidad de producir potenciales de acción. Sin embargo, esto no ocurre casi nunca, ya que las bombas de Na/K de las que te hablé hace un rato están ahí para impedirlo, funcionando sin cesar, transportando esos iones y acumulándolos cada uno en su parte correspondiente de la membrana.

Este proceso neuronal de generación de señales eléctricas mediante el flujo de iones se conoce desde hace relativamente poco tiempo, gracias en gran medida a experimentos realizados en axones de calamar. Fue propuesto a mediados del siglo XX por Alan Hodgkin (1914-1998), Andrew Huxley (1917-2012) y Bernard Katz (1911-2003), y confirmado de forma experimental en las décadas de 1970 y 1980. Como puedes ver, formamos parte de la primera o segunda generación de seres humanos que conocen y comprenden cómo se produce la electricidad que da lugar a la mente consciente.

(Por cierto, Andrew Huxley era hermanastro del biólogo Julian Huxley y del escritor Aldous Huxley, y todos ellos nietos de Thomas Henry Huxley, que fue un gran científico, amigo de Charles Darwin. De los Huxley de toda la vida, vamos).


Desfiles de potenciales de acción
Una neurona en pleno funcionamiento genera sin cesar potenciales de acción. Cada una de esas señales se origina al comienzo del axón y a continuación se propaga a través de éste hasta que llega a su extremo (o extremos, ya que, como sabes, un axón puede dividirse en varias ramas). Podemos imaginar el axón como la larga mecha de un petardo. Una vez encendida la mecha en un extremo, es decir, una vez generado un potencial de acción al inicio del axón, ya no hay manera de parar el fuego. La diferencia de los axones con las mechas es que aquéllos se pueden encender una y otra vez pues no se gastan, gracias al trabajo de recuperación de las bombas de Na/K. De hecho, si pudiéramos observar la actividad eléctrica que hay a lo largo de un axón en una neurona en plena actividad, lo que veríamos en un momento dado sería algo así como varias llamas que viajan una detrás de otra por la mecha: esas llamas son los potenciales de acción.

El símil con la mecha de un petardo o un reguero de pólvora para explicar la propagación del potencial de acción a lo largo del axón es muy adecuado por otra razón: en la mecha la combustión se inicia en un punto concreto y avanza debido a que ese proceso químico se repite una y otra vez en toda su longitud. Algo similar ocurre con los axones. Hay canales de Na+ y K+ todo a lo largo de los axones, de manera que el potencial de acción se transmite porque el flujo de esos iones en una región "contagia" la zona adyacente de la membrana. En los axones que conducen la señal con mayor velocidad —los que están recubiertos con mielina—, las zonas con canales iónicos no tapizan toda su longitud sino que se sitúan en puntos concretos algo separados entre sí, de tal forma que los potenciales de acción se regeneran "a saltos", como si brincaran entre un punto y el siguiente. Esto es posible gracias a las propiedades de aislante eléctrico de la capa de mielina. En estos axones mielinizados los potenciales de acción pueden viajar a una velocidad de hasta 120 metros por segundo, es decir, unos 430 kilómetros por hora. ¡Más rápido que un fórmula l!

En cualquier caso, el potencial de acción se transmite porque se regenera una y otra vez a lo largo de la célula. Esta regeneración constante da lugar a otra propiedad muy útil: la señal eléctrica no disminuye de amplitud con la distancia, sino que alcanza el extremo del axón tan fuerte y lozana como cuando se originó. Esta "transmisión activa" explica que todos los potenciales de acción que viajan por tu sistema nervioso tengan prácticamente la misma amplitud. En el argot de los neurocientíficos se dice que este potencial es todo-o-nada: o se produce y se transmite íntegro o no se produce, pero no hay medias tintas. Al hablar de comunicación entre neuronas, este detalle es muy importante: los potenciales de acción son iguales en todas ellas, ya que el mecanismo iónico es el mismo y, además, su amplitud no disminuye a medida que viajan por los axones. Lo que es distinto entre unas neuronas y otras son las frases y palabras que producen cada una. Ocurre algo similar con los mensajes escritos con el código binario de los ordenadores: los ceros y unos son indistinguibles entre sí, todos son idénticos. Lo que distingue a un mensaje de otro son las secuencias concretas de ceros y de unos.
En resumen
Las neuronas (y también las fibras musculares) utilizan descargas eléctricas para producir una especie de código binario. Cada uno de esos potenciales de acción se produce debido al flujo brusco y masivo de iones Na+ a través de compuertas especiales que hay en la membrana plasmática de la célula, seguido de un flujo opuesto de iones K+ que permite una carga rápida de la batería. Las llamadas bombas de Na/K generan de manera continua e incesante un movimiento opuesto de esos iones para mantener sus concentraciones a ambos lados de la membrana. Una neurona puede producir muchos potenciales de acción seguidos, uno detrás de otro, que viajan como si se tratara de una procesión a lo largo del axón. Ese desfile es su manera de hablar: puedes imaginar cada fila de potenciales de acción como si se tratara de una palabra. Esas palabras llegan al extremo de los axones tan claras y fuertes como cuando se generaron.

¿Qué sucede cuando los potenciales de acción alcanzan el final del axón? Las señales sirven para informar de algo a otra célula, por lo que el extremo de cada axón siempre está próximo (o incluso unido) a otra neurona o una fibra muscular. Como sabes, esa región donde el mensaje de una célula actúa sobre otra se llama sinapsis. Veamos con más detalle cómo funciona.



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Chat neuronal

El lenguaje de las neuronas se escribe en forma de pulsos eléctricos, pero en el sistema nervioso hay además otra característica esencial para incrementar la riqueza de su "idioma" y ampliar las posibilidades de comunicación entre las neuronas: me refiero a las sinapsis.

En algunos casos (las llamadas sinapsis eléctricas), las dos neuronas implicadas se tocan físicamente y el mensaje eléctrico pasa con tranquilidad y sin grandes cambios de una célula a otra. Pero lo más común es que las dos neuronas estén un poco separadas y que el mensaje pase de una célula a otra mediante una sustancia química. Estas sinapsis químicas son lugares muy importantes para el funcionamiento del SN, ya que no son meros "puentes" para la circulación de las señales sino que regulan el paso de la información. En cierto sentido actúan como válvulas que permiten el flujo en una única dirección y, además, experimentan modificaciones esenciales para la formación de la memoria.
Una unión con mucha química
Cada extremo de un axón está muy próximo a otra neurona, en la mayoría de los casos a una de esas antenas receptoras llamadas dendritas. Como ya te he contado, Julia, una sinapsis es esa región donde una neurona interacciona con otra (o con una fibra muscular). He dicho "interacciona" —y no, por ejemplo, "contacta"—ya que en la gran mayoría de tus sinapsis las dos neuronas no se tocan físicamente sino que forman sinapsis químicas: entre ellas hay un espacio, llamado espacio sináptico, que está relleno del líquido extracelular existente entre las células. Las sinapsis químicas no son zonas en donde los potenciales de acción "saltan" o pasan de alguna manera de una célula a otra para continuar así su viaje. No, ni mucho menos.

En muchos libros podrás leer que las sinapsis son "e! lugar donde se transmite el impulso nervioso", pero esa descripción puede inducir a error. Las sinapsis no son meras zonas de transmisión, son zonas donde dos neuronas interaccionan, donde una le dice algo a la otra, y la que recibe e! mensaje actúa en consecuencia y genera una nueva señal, que puede ser parecida a la que ha recibido o completamente distinta. Además, las neuronas que "escuchan" no son todas iguales: en sus dendritas pueden tener distintos tipos de unas moléculas llamadas receptores, de forma que una misma neurona emisora puede ser interpretada de maneras diferentes según los receptores que tengan sus oyentes, aunque el mensaje de la emisora sea el mismo. Como te puedes imaginar, esto hace que el diálogo entre neuronas sea mucho más variado y complejo que esa simple "transmisión del impulso nervioso".

Algo parecido ocurre en la comunicación entre los seres humanos. Por ejemplo, una misma palabra, como "dime", puede producir efectos distintos y significar cosas distintas según e! idioma del que la lee. Si escribes "dime" en un cartel y lo muestras por la calle a alguien que hable español, a lo mejor te dice algo. Pero si usas el mismo cartel en EE UU, te estarás refiriendo a una moneda de 10 centavos, así que a lo mejor te echan una moneda. En el SN, una misma secuencia de potenciales de acción puede significar cosas distintas según los receptores de las neuronas que reciben el mensaje.
Y a mí, ¿quién me escucha?
Cada potencial de acción que llega al final de un axón (zona llamada terminal presináptico) produce algún efecto en la célula que se encuentra al otro lado (o terminal postsináptico) al activar los receptores que acabo de citar. Pero, ¿cómo se produce la activación? ¿Es la electricidad, el potencial de acción, el que interacciona con esos receptores? En un principio, los neurocientíficos pensaron que así era, pero en la década de 1920 se pudo demostrar que en realidad la comunicación en la mayoría de las sinapsis es química: al alcanzar e! final del axón, la señal eléctrica no sigue adelante, desaparece pero no en vano, ya que induce la liberación de una sustancia química al exterior de la célula. Esa sustancia que ya conoces, llamada neurotransmisor, es la que activa los receptores de la otra célula.

Tal vez pienses que usar un neurotransmisor para que una neurona diga algo a otra es una complicación innecesaria, pero imagina en el enorme abanico de posibilidades que se abre ante una neurona que se encuentra diciendo algo, es decir, generando secuencias de potenciales de acción. El axón de esta neurona puede estar muy ramificado y contactar con muchas otras neuronas, de tipos variados y con receptores variados. Cada vez que se genera un potencial de acción al comienzo de! axón, al llegar a las ramificaciones que hay al otro extremo se divide y transita por todas ellas para alcanzar así varias terminaciones. En cada una de ellas nuestra neurona liberará al exterior una cantidad de neurotransmisor (en principio el mismo tipo en todas sus ramificaciones). Pero como las neuronas con las que interacciona pueden tener receptores distintos, el efecto será también distinto: el mismo mensaje inicial será interpretado de distintas maneras, todo dependerá del idioma que hable la neurona receptora.



Si, además, el axón de cada neurona se ramifica para establecer de promedio unas 1000 sinapsis, como quizá recuerdes, puedes hacerte una idea de la enorme cantidad de posibilidades que permite este sistema de comunicación mediante el uso de neurotransmisores y receptores.


Figura 29. Cada neurona recibe multitud de sinapsis, con neurotransmisores variados. Algunas sinapsis producirán excitación y otras inhibición de la neurona receptora. Aquí se muestran ampliadas la dendrita de una neurona y tres sinapsis.
Se conocen muchos tipos de neurotransmisores, sustancias químicas de naturaleza variada que tienen nombres como acetilcolina, glutamato, noradrenalina, glicina, etc. Como norma general, cada neurona de tu sistema nervioso contiene y libera en los extremos de su axón un único tipo de neurotransmisor. Por tanto, se puede clasificar a las neuronas según la sustancia química que utilicen en sus sinapsis, y de este modo se dice que hay neuronas colinérgicas (liberan acetilcolina), glutamatérgicas (liberan glutamato), noradrenérgicas, glicinérgícas, etcétera.
El efecto depende del receptor
Seguro que ahora ya tienes claro, Julia, que las neuronas transforman pulsos eléctricos en pulsos químicos. Cada potencial de acción induce la liberación de una cantidad concreta de neurotransmisor, el cual interacciona con el receptor de la otra neurona de la sinapsis. Hay muchos tipos de receptores y una neurona puede tener varios tipos a la vez. Te preguntarás, quizá, cuál es el efecto de los neurotransmisores sobre la célula receptora si en las sinapsis no se transmite el pulso eléctrico. Dependerá del tipo de receptor. Básicamente hay dos clases de receptores: los que favorecen que la neurona se excite y tienda a producir nuevos potenciales de acción, y los que hacen el efecto contrario e impiden que la batería de la neurona se descargue y produzca potenciales de acción. Las sinapsis que tienen el primer tipo de receptores se llaman sinapsis excitadoras, y las otras sinapsis inhibidoras.

Por tanto, los potenciales de acción podrán inducir una excitación o una inhibición en la neurona con la que interaccionan a través de los neurotransmisores. Estos cambios consisten en pequeñas variaciones eléctricas llamadas potenciales sinápticos, que tienen una amplitud mucho menor que los potenciales de acción y pueden generar cambios eléctricos tanto positivos (potenciales sinápticos excitadores) como negativos (potenciales sinápticos inhibidores). Si se trata de una inhibición, la neurona tenderá a permanecer "callada", y sus probabilidades de producir en ese momento algún potencial de acción disminuirán. Por el contrario, si lo que se produce es una excitación, en ese momento aumentarán las probabilidades de que la neurona receptora genere potenciales de acción. Una consecuencia importante de esto es que, como norma general, el efecto de una neurona sobre otra es probabilístico, ya que se suma a los efectos de los otros miles de sinapsis que contactan con la célula receptora, y además puede ser tanto excitador como inhibidor. No es cierto, por tanto, que en las sinapsis los potenciales de acción se transmiten de una neurona a la siguiente, error muy común y que parece tener una alta capacidad de supervivencia, ya que sigue apareciendo de forma constante en libros, revistas y otros medios.

Es importante asimismo tener en cuenta que la misma neurona, liberando el mismo neurotransmisor, puede ejercer efectos distintos en las distintas sinapsis que forme, ya que algunas pueden ser excitadoras y otras inhibidoras. Esto muestra con claridad que el efecto está determinado por el receptor y no por el neurotransmisor. En nuestro sistema nervioso hay algunos neurotransmisores que actúan en la gran mayoría de casos sobre una misma clase le receptor, lo cual puede inducir a error. Por ejemplo, se suele decir que el glutamato es un neurotransmisor excitador ya que suele actuar sobre receptores excitadores; sin embargo, esta expresión no es del todo correcta, ya que el neurotransmisor no es ni excitador u inhibidor. Todo depende, recuerda, del receptor con el que interaccione,

En las sinapsis químicas el mensaje viaja desde la neurona que emite el neurotransmisor hasta la que tiene los receptores. Aunque hay otras interacciones químicas en las sinapsis que van en sentido contrario, desde el punto de vista de las señales eléctricas no se trata de un diálogo, sino más bien de un monólogo, donde cada neurona, a través de los receptores de sus dendritas, se limita a escuchar lo que otras le dicen para a continuación sacar sus propias conclusiones.


Una cabeza con miles de orejas
Ahora imagina, Julia, que el cuerpo principal de una neurona con sus dendritas es como una cabeza con miles de orejas. Cada oreja representa a cada una de las sinapsis que recibe esa célula, y en cada una de ellas la neurona está "escuchando", con más o menos frecuencia, un mensaje que significa "excitación" o "inhibición" (dependerá del tipo de oreja). ¿Qué hace la neurona? ¿Se excita o se inhibe? O lo que es lo mismo, ¿tiende a generar más potenciales de acción o menos? Pues lo que haga la neurona en cada momento dependerá de la suma de los mensajes que recibe por todas las orejas. Si esa suma inclina la balanza hacia el lado de la excitación, entonces generará al comienzo de su axón nuevos potenciales de acción. Por el contrario, si la balanza se inclina hacia el lado de la inhibición, se quedará "callada" hasta que la cosa cambie.
Computación neuronal al 100%
Lo que acabo de describirte es un tipo de computación. Cada neurona, a partir de los miles de mensajes que recibe por sus sinapsis, genera una respuesta que es el resultado de la suma de toda esa información. Esta computación la están haciendo ahora mismo todas las neuronas que tienes en tu encéfalo para decidir en cada momento si en su axón se produce o no una descarga de la batería. Carece de sentido, por tanto, decir que sólo se usa un x% determinado del SN. Se usan todas las neuronas y cada persona usa las suyas a su manera. Según el tipo de señales que se les envíen, permanecerán "calladas" o generarán distintos códigos de potenciales de acción, pero en todo momento estarán realizando su trabajo de computación.


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La caja de herramientas

Estamos llegando al final de este viaje a través de la estructura más compleja con que nos hemos tropezado los seres humanos. Durante mucho tiempo el estudio de la mente se consideró inaccesible al conocimiento científico pero, como has podido comprobar, querida Julia, ahora sabemos muchas cosas sobre esta máquina maravillosa. Para revelar todo este conocimiento los científicos han ideado múltiples estrategias y técnicas que han permitido extraer datos muy precisos. Son muchos años de esfuerzo —¡y los que quedan!— que es importante reconocer. Todo lo que te he contado en este libro es el resultado de la aplicación de un extenso abanico de técnicas. Veamos algunas.

En una persona viva no es nada fácil observar el encéfalo en funcionamiento, ya que está encerrado y protegido por el cráneo. Además, la gente no está dispuesta a que hagan experimentos con su cabeza y, aunque lo estuviera, los principios éticos que guían nuestra manera de actuar restringen esas actividades. Debido a ello, antes del desarrollo de las modernas técnicas de registro, la mayor parte de los datos sobre la estructura y el funcionamiento del sistema nervioso humano se obtenía a partir de tejido muerto o de otros animales no humanos.
La textura de la mente
Para conocer muchos aspectos de la organización del sistema nervioso no es necesario que las células estén vivas, ya que es posible estudiarlo con detalle y sin problemas éticos en muestras de tejidos humanos obtenidos post mortem. De esta manera, la neuroanatomía (estudio de la estructura) se desarrolló mucho antes que la neurofisiología (estudio de la función), y a finales del siglo XIX ya se conocían gran cantidad de detalles sobre la distribución de las neuronas y sus conexiones. En 1899 se publicó un tratado de neuroanatomía que se ha convertido en uno de los libros más importantes de la neurociencia, cuya vigencia llega hasta nuestros días. Se tituló Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados, y su autor fue el español y Premio Nobel Santiago Ramón y Cajal (1852-1934).

El método clásico para descifrar la anatomía del sistema nervioso y conocer la forma de las células y las conexiones que establecen entre sí consiste en hacer láminas muy finas de tejido, de unas pocas micras, que son tratadas con algún tipo de colorante o intensificador del contraste, lo cual marca los detalles que interesan. Puedes imaginarlo como una especie de revelado fotográfico, donde la película consiste en una finísima hoja de tejido nervioso. Cuando el tejido está preparado, se observa a través de un microscopio. Aunque esta técnica es sencilla, el objeto de estudio no lo es, de manera que hacerse una idea de cómo es la estructura global del sistema en tres dimensiones, a partir de la observación de esas finas láminas, es un trabajo extremadamente laborioso, algo así como reconstruir la estructura celular de un jamón serrano que ha sido cortado en miles y miles de finísimas lonchas.


Uniendo anatomía y función
Como puedes imaginar, a partir de muestras de tejido muerto resulta bastante difícil extraer conclusiones sobre la función, aunque la cosa no es imposible, ni mucho menos (es un trabajo en cierta medida parecido al que realizan los paleontólogos que tratan de reconstruir la forma de vida de animales extinguidos a partir de sus restos fósiles). Lo que se necesita es ingenio, y de eso tenía mucho Caja!. Este neurocientífico propuso, a partir de sus observaciones anatómicas con el microscopio, varias teorías sobre el funcionamiento de las neuronas y de algunos de sus circuitos. Por ejemplo, tras observar la disposición de las dendritas y el axón, sugirió que la información nerviosa (la actividad eléctrica que hoy conocemos) viaja desde las dendritas hacia el axón, y no en sentido contrario. Hoy sabemos que esencialmente es así, aunque cuando Cajal hizo sus observaciones nadie había medido con detalle ese flujo de actividad. Esta es una característica de la ciencia realizada con rigor: permite desarrollar teorías y generar hipótesis sólidas que pueden ser contrastadas con algún tipo de experimento. En el caso de Cajal, varias de sus hipótesis sobre la función del sistema nervioso pudieron verificarse años más tarde, cuando llegaron las técnicas apropiadas.
Por tanto, aunque en el siglo XIX no se habían desarrollado todavía técnicas para observar in vivo y con detalle la función de las células nerviosas, eso no impidió que se conocieran algunos aspectos de su funcionamiento. Además de técnicas como la que empleaba Cajal, los estudiosos del sistema nervioso comenzaron también a utilizar de manera sistemática un método relativamente sencillo, pero eficaz, que permitió relacionar por primera vez, y con rigor, algunas funciones del sistema nervioso con regiones anatómicas concretas. Este método sigue usándose hoy en día: consiste en observar los cambios que sufre una persona tras una lesión que afecte al SNC (por ejemplo, cambios en la percepción, el movimiento, el comportamiento, etc.), y cuando fallece estudiar con detalle el tejido nervioso en busca de la región dañada.

De esa manera el médico francés Paul Broca pudo identificar por primera vez una zona del cerebro implicada en la producción del habla: tras estudiar el cerebro de pacientes incapaces de hablar (sufrían afasia), pudo comprobar que tenían lesionada una región de la corteza prefrontal del hemisferio izquierdo. Hoy en día esa zona se denomina área de Broca y, como ya has visto en el capítulo 12, tiene una función importante tanto en la producción de! habla como en la comprensión del lenguaje. Los estudios de Broca sirvieron también para desvelar con claridad que en el SNC hay regiones concretas que se encargan de tareas concretas, en vez de tratarse de una masa con distribución homogénea y difusa en sus funciones.

Una de las personas que, de manera involuntaria, contribuyó en su momento de manera importante a la comprensión de las funciones del encéfalo humano fue el norteamericano Phineas Gage (1823-1860), una persona amable y aplicada que trabajaba en la construcción de una línea de ferrocarril. Su inesperada colaboración con la neurociencia se debe a que un día de 1848, mientras se encontraba compactando pólvora con una barra de hierro de unos 6 kg de peso, algo más de 3 cm de diámetro y poco más de l m de longitud, la pólvora explotó y lanzó la barra a unos 25 metros de distancia... atravesando antes el cráneo de Phineas. Entró por la parte izquierda de su cara, pasó por detrás de! ojo izquierlo, atravesó y se llevó por delante una parte importante de su lóbulo frontal izquierdo y salió por la parte superior de la cabeza. De manera sorprendente, Phineas sobrevivió al accidente, pero su personalidad cambió de forma muy notable, volviéndose grosero, impaciente, obstinado, caprichoso y, en definitiva, poco sociable. Aunque en apariencia se recuperó bastante bien después del accidente, murió al cabo de 12 años. Este caso sirvió para reforzar la idea de que los estados mentales dependen de la estructura encefálica y están gestionados por regiones específicas de ésta. Phineas Gage perdió parte de su corteza prefrontal y la reestructuración encefálica accidental cambió su forma de ser.
Las neuronas del calamar
Como te decía al principio de este capítulo, para estudiar directamente el funcionamiento del SN, es decir, su actividad cuando el tejido está vivo, los estudios en seres humanos han sido hasta hace poco muy escasos, debido a las evidentes dificultades físicas y restricciones éticas. Por esta razón, resulta que la mayor parte de las cosas que sabemos sobre la función del sistema nervioso se han descubierto en animales distintos al Homo sapiens, un hecho que pocas veces se aclara al hablar del sistema nervioso. Es cierto que algunos métodos, como el EEG, se usan desde hace tiempo en las personas, ya que son del todo inocuos (son técnicas "no invasivas") pero no sirven para conocer en profundidad el funcionamiento de encéfalo: son como películas aéreas, que aportan una buena visiór general pero sin detalles.

Para conocer en profundidad el funcionamiento del encéfalo y el resto del SN, y así poder buscar soluciones a muchas enfermedades —como el alzhéimer, párkinson, depresiones, parálisis, etc.—, es necesario acceder de manera física a su interior. En los seres humanos esto se realiza tan sólo en aquellos casos en que hay que hacer una operación para tratar alguna enfermedad (por ejemplo, en operaciones de cirugía en el cerebro para tratar una epilepsia). Si el paciente está de acuerdo, en esas operaciones puede estudiarse la actividad eléctrica de alguna región de la corteza cerebral mediante la colocación de pequeñas sondas en el tejido. Estas experiencias permiten obtener información muy valiosa que se compara con la existente pero, en la práctica, la inmensa mayoría de los datos sobre el funcionamiento preciso del sistema nervioso se han obtenido gracias a la investigación en otros organismos, desde gusanos y babosas de mar hasta ratas y macacos.

Es posible que te estés preguntando: "Pero entonces, los detalles que aprendemos al estudiar otros organismos, ¿pueden aplicarse a los seres humanos? ¡Los gusanos y las ratas no piensan como nosotros!" Es una buena pregunta, y la respuesta es sí: la información que obtenemos al explorar otros organismos es muy útil para comprender cómo funciona nuestro sistema nervioso (y otra partes del cuerpo), ya que las propiedades bioquímicas, metabólicas y celulares son en muchos casos idénticas. Como sabrás, los seres vivos somos fruto de la maquinaria evolutiva, de tal forma que todos estamos emparentados y, en consecuencia, muchos aspectos del funcionamiento de órganos y tejidos son compartidos por especies distintas. Esto ha sido una gran ventaja para el rápido desarrollo de la biología y la medicina. No podemos estudiar complejos mecanismos mentales o psicológicos en una babosa de mar, pero sí, como se ha hecho, algunos mecanismos moleculares relacionados con la memoria.

Te pongo otro ejemplo. El mecanismo de generación de los potenciales de acción debido al movimiento de iones Na+ y K+ no se estudió en neuronas humanas sino en calamares. ¿Por qué en calamares? Por una razón práctica: algunos calamares tienen axones con un diámetro 100 veces mayor que el típico de los mamíferos, de manera que pueden alcanzar hasta 1 mm de grosor o incluso más (el llamado "axón gigante" se ha investigado en especies como Loligo pealei o calamar de Boston). Un diámetro tan grande permite hacer experimentos que de otra manera no serían posibles o requerirían un gran esfuerzo técnico. De manera similar, para la gran mayoría de estudios sobre el sistema nervioso se han buscado organismos que por alguna razón técnica o biológica resultan adecuados para la realización de los experimentos. Los seres humanos participamos sobre todo en investigaciones relacionadas con aspectos cognitivos y psicológicos exclusivos de nuestra especie, pero no es necesario (ni recomendable) abrirle la cabeza a nadie para conocer las propiedades biofísicas, eléctricas y metabólicas de sus neuronas.


Midiendo electricidad biológica
Por tanto, la gran mayoría de los experimentos sobre la función del SN se ha realizado y se realiza habitualmente en animales de laboratorio o en trozos de su tejido nervioso que se mantienen en funcionamiento en una preparación in vitro. Así se ha estudiado, por ejemplo, la electricidad neuronal.

Los electricistas que quieren medir la carga de una pila utilizan un aparato llamado polímetro o también multímetro. Al colocar los dos cables que salen del polímetro en los dos polos de la pila puede medirse la carga eléctrica de ésta (lo que se mide en realidad es la llamada diferencia de potencial). Como cada neurona es un pequeña batería que emite descargas eléctricas, los neurocientíficos hacen algo parecido a los electricistas y utilizan unos medidores especiales que tienen también dos extremos con los que se mide la carga eléctrica (figura 30).



Al hacer un EEG, se colocan esos dos extremos sobre dos zonas de la cabeza y así puede medirse la carga eléctrica que hay entre esas dos zonas. Pero dentro de la cabeza hay muchos millones de neuronas, cada una con una actividad que va a su ritmo particular, por lo que en un EEG no se observa un voltaje concreto sino una especie de baile alocado de cambios de carga que refleja la actividad conjunta de muchas células. Debido a esto, un EEG ofrece una información que suele ser muy difusa y difícil de interpretar. Las únicas señales que pueden discernirse con claridad en un EEG ocurren cuando hay miles de neuronas que funcionan de manera sincronizada, como muchas baterías que producen descargas al mismo tiempo. Esto sucede, por ejemplo, durante algunas fases dé sueño o al desencadenarse un ataque epiléptico.

Figura 30. Los neurocientíficos pueden medir con mucha precisión la carga eléctrica de una neurona.
Si queremos conocer la actividad eléctrica de un grupo pequeño de neuronas, o de una única neurona, es necesario acceder al interior del tejido y utilizar un polímetro que tenga unas puntas muy finas. Eso es lo que se hace en los experimentos con animales: se introducen en su sistema nervioso (o en una muestra de tejido que se mantiene in vitro) sondas microscópicas que pueden medir con precisión los cambios eléctricos. Es posible incluso introducir una de esas sondas en el interior de una única neurona, lo cual permite medir su voltaje y estudiar los cambios que se producen ante distintas situaciones experimentales.
No todo es electricidad
Además de las descargas eléctricas que viajan por los axones, en el funcionamiento del sistema nervioso hay muchos otros procesos que pueden medirse hoy en día con bastante detalle. Por ejemplo, las concentraciones de neurotransmisores, hormonas y otras sustancias como el calcio (un importante mensajero celular) varían según la función y pueden medirse mediante microdiálisis, una técnica que consiste en la introducción de sondas que toman pequeñas muestras de líquido.

También es posible medir cómo varía a lo largo del tiempo la concentración de una sustancia introduciendo en el tejido dos finas fibras ópticas: una para emitir luz y otra para detectar la luz reflejada por las moléculas. Como resulta que cada molécula absorbe y refleja un rango de luz determinado, es posible conocer qué sustancias hay en el tejido y cómo varía su concentración. Los principios físicos de esta técnica, llamada espectrofotometría, son los mismos que usan los astrónomos, por ejemplo, para conocer la composición de las estrellas.

En muchas otras técnicas se combinan los estudios anatómicos de "revelado fotográfico" con la introducción de sustancias que indican dónde hay determinadas moléculas, ya que se unen de forma específica a ellas (lo indican al mostrar un color determinado o incluso con la emisión de su propia luz). De esta forma es posible trazar auténticos mapas funcionales del tejido nervioso. Incluso se han desarrollado microscopios que pueden utilizarse para observar en directo y en 3D cambios en la forma y el funcionamiento de las neuronas.
El experimento
Sin embargo, para investigar el funcionamiento de una estructura no basta con medir su actividad espontánea, sino que es necesario combinar esas técnicas que acabamos de ver (y muchas otras) con la modificación controlada de su funcionamiento para así observar cómo se comporta.

El SN puede modificarse mediante la simple aplicación de un estímulo sensorial, por ejemplo una imagen determinada o un estímulo táctil en una zona concreta. También pueden generarse de forma directa y precisa señales eléctricas en el interior del SN mediante la introducción de pequeñas sondas que, en vez de medir la actividad, lo que hacen es activar la generación de potenciales de acción. Otra manera muy común de intervenir en el funcionamiento del tejido nervioso consiste en el uso de drogas o sustancias químicas que interaccionan de alguna forma con su actividad, tanto para estudiar sus propiedades básicas como para comprobar el modo de acción y la eficacia de un posible fármaco. Incluso es posible modificar la función de un tipo concreto de neuronas mediante la aplicación de luz (introduciendo una fibra óptica en el tejido o simplemente iluminándolo desde fuera). A esta técnica se le llama optogenética, ya que combina métodos ópticos con las manipulaciones genéticas necesarias para que las células que interesa respondan a los cambios de luz.

Un experimento típico para estudiar el funcionamiento del SN consiste en lo siguiente. Por un lado, se escoge una técnica de medición de algún parámetro (actividad eléctrica, concentración de una sustancia, etc.), y por otra se aplica algún método que modifique la actividad del sistema. De esta manera es posible comprobar cómo se modifica la función ante la aplicación de un cambio controlado. Por ejemplo, si queremos saber cómo hace el cerebro para construir la percepción visual, podemos registrar con una sonda la actividad eléctrica de neuronas situadas en la zona del cerebro que sospechamos se encarga de la visión, y al mismo tiempo aplicar estímulos visuales (es decir, poner una imagen concreta delante de los ojos). Así es posible relacionar la imagen que se coloca en un momento concreto con la actividad eléctrica medida en ese mismo momento.

Lo que te acabo de describir, Julia, es un tipo de experimento muy común dentro de la innumerable cantidad de posibilidades existentes. Al combinar distintas técnicas y protocolos es posible responder a preguntas muy precisas sobre la forma en que funciona el SN. De hecho, el trabajo más importante y más difícil de un científico consiste en hacer buenas preguntas y diseñar bien los experimentos.


Llegó la imagen electrónica
A pesar de que las similitudes evolutivas permiten estudiar muchos fenómenos biológicos en otros animales, el SN de los seres humanos tiene evidentemente unas características estructurales y funcionales exclusivas de nuestra especie, esenciales para comprender cómo surgen nuestras peculiares capacidades cognitivas. Por ello, los ingenieros y científicos no han parado de buscar técnicas que permitan adentrarse en el funcionamiento de la máquina humana de la mente sin tener que abrir el cráneo para acceder a su interior, es decir, métodos lo menos invasivos posibles.

La solución está llegando de la mano de técnicas de imagen como el PET (siglas en inglés de tomografía por emisión de positrones) la resonancia magnética funcional (conocida también por sus siglas en inglés: FMRI). Lo que hacen estas técnicas es representar la actividad de las distintas regiones encefálicas, indicando normalmente con diferentes colores las distintas zonas según su grado de actividad. Estos métodos han permitido observar por primera vez el interior de un encéfalo humano en funcionamiento y conocer los focos de su actividad (con el EEG se detecta asimismo la actividad neuronal, pero sólo de las capas más superficiales del cerebro y sin una localización tridimensional de las zonas implicadas). En la actualidad las técnicas de imagen son muy útiles para la práctica clínica. Aun así, todavía son muy limitadas para explorar con detalle los entresijos de la mente.

La ventaja de estas técnicas es que aportan una representación tridimensional del funcionamiento encefálico, pero tienen dos limitaciones importantes: por un lado, la resolución espacial (la calidad de la foto, digamos) no es muy buena y las estructuras menores de 1 mm se distinguen con dificultad, por lo que los límites anatómicos de las zonas activadas no se diferencian con nitidez. Por otro lado, las imágenes se obtienen al hacer un promedio tras un cierto tiempo de toma de muestras, y eso origina otra limitación: su resolución temporal es también pequeña. Puede decirse si una zona está más o menos activa que otra, pero no pueden precisarse los cambios en el tiempo. Son imágenes borrosas tanto en el espacio como en el tiempo. Probablemente estas limitaciones irán solucionándose poco a poco; de hecho, ya existen técnicas de imagen que permiten obtener representaciones con buena resolución espacial y temporal, pero por el momento se utilizan en su mayoría en animales de investigación, ya que son técnicas invasivas que requieren un acceso direcro al interior del tejido.

Estas son unas pinceladas sobre la gran variedad de métodos que se han usado y se usan hoy en día en neurociencia. Harían falta varios libros más gruesos que el que tienes en las manos para contar algo sobre todos ellos. Lo importante es que con todas estas herramientas hemos comenzado a descubrir cómo se las arreglan las neuronas para producir electricidad, liberar sustancias químicas transmisoras de información y convertirse así en una interesante comunidad de células parlanchinas que poco a poco nos revelan sus secretos.



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Y para finalizar, un cuento

Lo que te he contado en este libro, Julia, es un resumen de algunos aspectos del SN investigados por la ciencia tras muchos esfuerzos y utilizando técnicas como las que acabamos de ver. Pero en muchos casos las personas poco informadas pueden tener dificultades para diferenciar las conclusiones científicas de las simples supercherías e invenciones. Una cosa es la imaginación aplicada al conocimiento racional y contrastado que poco a poco vamos obteniendo sobre la naturaleza del cosmos que habitamos, que puede expresarse por ejemplo en algunas excelentes obras de ciencia ficción, y otra cosa es la imaginación que desborda más allá de los límites de la ciencia. La imaginación sin límites es uno de los tesoros más grandes que nos brinda la mente, y no debemos renunciar nunca a ella o perderíamos una parte fundamental de lo que nos hace humanos. No es necesario ser un artista, un poeta o un novelista para imaginar mundos imposibles. Los grandes científicos no son esas personas de mente cuadrada y robotizada, estereotipos que aparecen en muchas películas; también necesitan sacar a pasear su mente por todos esos mundos imposibles.

Pero una vez que tenemos claro lo anterior, es muy importante saber diferenciar entre lo que encaja dentro del conocimiento científico en cada momento y lo que no encaja. La ciencia funciona porque construye su conocimiento sobre una base contrastada. Hay muchos aspectos —la mayoría— que todavía no conocemos sobre el funcionamiento y las posibilidades del sistema nervioso y la mente humana. Para avanzar y descubrirlos poco a poco, la única herramienta eficaz que conocemos es la científica. Por ello, los científicos no podemos aceptar como válida cualquier cosa que se nos ocurra sobre la mente o el cerebro, por mucha imaginación que tengamos o muy atractiva que nos parezca la idea, sino que es necesario comprobarla y demostrarla de manera rigurosa.

En la cultura popular hay muchas historias, cuentos y mitos sobre la mente que jamás han sido demostrados con criterios científicos. Eso no quiere decir que alguno no pueda ser demostrado algún día. Pero ello no justifica ninguna de esas creencias. Puestos a creer, podemos creer cualquier cosa. Mucha gente no tiene las herramientas necesarias para diferenciar qué es ciencia y qué es sólo invención o superchería. Esta es una de las razones de que se escriban libros como éste: mostrar cómo funciona la ciencia, qué cosas descubre y hasta dónde llegan sus límites. En este caso, los límites del sistema nervioso, el encéfalo y la mente. Veamos algunos ejemplos.


Comunicación mental a distancia
Los seres humanos tenemos un sistema admirable para comunicar nuestros pensamientos en tiempo real, un sistema que permite poner en común el producto de la mente de dos o más personas: el lenguaje.

Como ya te comenté en un capítulo anterior, este sistema, en combinación con la capacidad del habla y del sistema auditivo, permite que las mentes se comuniquen de forma inalámbrica con una gran precisión, algo que nos diferencia con claridad de los métodos de comunicación utilizados por el resto de animales, al menos de los que conocemos (me refiero a una comunicación en tiempo real, distinta de la que se establece, por ejemplo, al leer un libro). Es preciso recordar aquí que, en el caso de las personas sordas, la comunicación mental equivalente se produce mediante la combinación de gestos y el sistema visual.

Sin embargo, por alguna extraña razón, a algunas personas les atrae el hecho de una comunicación similar pero sin que participe el habla y el sistema auditivo, por lo que se han inventado un supuesto método de comunicación al que llaman telepatía. Es una pura invención. Aparte del lenguaje, no conocemos ningún mecanismo por el cual la actividad mental de una persona pueda empaquetarse, dirigirse y afectar de forma específica a otra persona (o de manera inespecífica a miles de ellas, da igual). Debe quedarte claro, Julia, que en estos casos no vale la pregunta: "¿Y si ese mecanismo existe pero todavía no lo hemos descubierto?" Piensa que esa pregunta puede aplicarse a cualquier cosa, a cualquier tontería inventada por la imaginación, por lo que es absurdo darle crédito a no ser que exista algún fundamento coherente con base en el conocimiento que tenemos de la naturaleza. Hoy mismo puede aparecer un chalado que afirme que existe un método de comunicación mental entre los seres humanos, los escarabajos peloteros y las palomas mensajeras con plumas en las patas. ¿Y qué?

Ahora prueba a inventar tu propio método de comunicación mental, todavía no descubierto por la ciencia.


Trasteando con la cubertería
Algunas personas afirman, y aparentemente demuestran en directo, que son capaces de doblar cucharas con su pensamiento. Si esa capacidad tuviese alguna posibilidad de certeza a través de las innumerables interacciones que la ciencia ha descubierto entre la materia y la energía, si tuviese alguna posibilidad, digo, los científicos estarían encantados e ilusionados con ponerse manos a la obra e investigar sus fundamentos. Al fin y al cabo, el desarrollo de la ciencia se ha encontrado más de una vez con comportamientos de la materia y la energía del todo extraños y ajenos por completo a nuestros conocimientos previos o nuestra intuición: el doble comportamiento de onda y partícula de la luz, el entrelazamiento cuántico mediante el cual dos partículas se mantienen ligadas en el cosmos de manera instantánea e independiente de la distancia, el efecto de la velocidad sobre el paso del tiempo que predice la relatividad de Einstein, etcétera.

Sin embargo, y de igual manera que en el apartado anterior, en este caso tampoco conocemos ningún mecanismo por el cual la actividad encefálica pueda ejercer un efecto semejante sobre una cuchara o cualquier otro objeto. Además, jamás nadie ha demostrado que pueda realizar semejante cosa. Nadie. Nunca. Las personas que a veces salen en los medios de comunicación doblando objetos lo único que hacen es poner en práctica un truco con el que consiguen engañar a las mentes más crédulas. Son charlatanes, mentirosos sin escrúpulos (a diferencia de los magos e ilusionistas, que hacen trucos para jugar con nuestra atención, estimular nuestra imaginación y hacernos pasar unos momentos agradables de ilusión y secretos que no logramos descubrir). Te puedo asegurar, Julia, que si alguien demostrase que puede hacer eso sería muy reclamado por los científicos de todo el mundo, ya que estaríamos ante una nueva manera de control de la mente sobre la materia.


Energía, memoria y capacidades de la mente
"¡Aumenta tu energía mental!" Seguro que has visto muchas veces anuncios de productos que, según prometen, hacen todo tipo de maravillas. Utilizan palabras que resultan vacías en ese contexto, como "energía" (¿que cosa es la "energía mental"?) , pero que suenan muy bien. Si la cosa fuera tan fácil, todos nos tomaríamos esas pastillas y listo, pero no conocemos productos que hagan ese tipo le "milagros", y ni siquiera estoy seguro de que, en el caso de que existieran, fueran en realidad útiles y beneficiosos para la sociedad.

Modificar la memoria, las capacidades cognitivas o aquello que el encéfalo sea capaz de hacer se consigue como cualquier otra cosa: dándole trabajo al sistema. En el caso del sistema nervioso, las distintas habilidades pueden estimularse de muchas maneras, desde leer libros a jugar con videojuegos. Todas las neuronas de tu sistema nervioso se encuentran trabajando —no sólo el 10%, como alguien se ha inventado—, pero las redes funcionales que establezcan, el número de prolongaciones y contactos sinápticos y la fuerza de esas conexiones van a depender de la actividad que fluya por ellas, y eso depende de ti, de tus inquietudes y curiosidad.

Las actividades que exigen un esfuerzo intelectual, como la lectura, el desarrollo de problemas lógico-matemáticos, la introspección filosófica, el intercambio y discusión de ideas, el aprendizaje y uso de distintos idiomas, etc., ayudan a mantener, reforzar y generar nuevas conexiones sinápticas, lo cual mejora, sin duda, la capacidad de todo el sistema. A lo largo del desarrollo, las neuronas que no establecen contactos sinápticos con otras células se convienen en una parte inútil de la red neuronal y terminan por degenerar y morir. Las investigaciones indican que en la vida adulta ocurre un fenómeno similar, de forma que mantener las neuronas estimuladas y con una buena red de conexiones es una buena manera de mantener la integridad del sistema y, por tanto, las capacidades cognitivas. Como apunta el psiquiatra Luis Rojas Marcos,"la evidencia científica acumulada en los últimos treinta años demuestra, sin lugar a dudas, que tres componentes de nuestro estilo de vida benefician el funcionamiento de la memoria y disminuyen el riesgo de sufrir deterioro intelectual y caer en la demencia: la intensa actividad intelectual, el ejercicio físico regular, y la participación activa en redes sociales que promueven las relaciones y la colaboración en proyectos puntuales gratificantes".

Los médicos recetan fármacos que pueden ayudar a mejorar la concentración y el aprendizaje en personas con algún tipo de trastorno (por ejemplo, se pueden usar sustancias estimulantes que aumenten los niveles de neurotransmisores como la noradrenalina y la dopamina). Pero, fuera de esos productos que se toman bajo control médico, hay a la venta muchos "productos milagro" cuyos anuncios prometen todo tipo de mejoras en las habilidades mentales. Esos productos pueden contener alguna sustancia que realmente sea beneficiosa para la función neuronal, pero cuyo efecto será básicamente nulo a no ser que vaya acompañada de cierto esfuerzo intelectual. De ocurrir alguna mejoría, se deberá en gran medida a esto último, tomes pastillas o no.

En los últimos años se han hecho también muy populares algunos videojuegos de "entrenamiento mental" cuyo uso, según prometen, mejora la memoria y otras capacidades cognitivas. No se ha demostrado que sea así. Los estudios realizados indican que no producen ningún tipo de mejoría global, salvo la que se produce por repetición de las pruebas específicas del propio juego. La mejor manera conocida de mantener y estimular la memoria es, como te decía antes, el esfuerzo intelectual. Desde luego, a ese esfuerzo se le pueden añadir estrategias con base en reglas mnemotécnicas, la atención o la repetición pero no pastillas milagrosas, al menos por ahora.
Espíritus del más allá
Entre todas las patrañas, engaños, invenciones y bobadas varias existentes sobre la mente, la que se lleva el puesto de honor es la creencia en espíritus y superhéroes invisibles similares. Lo tienen todo: mentes que perduran después de que el cuerpo (y por tanto las neuronas y el resto de tejido nervioso) ha muerto, transmisión telepática entre esas mentes y las nuestras (las de los vivos), movimiento a distancia de objetos (no sólo cucharas)... ¡Y encima conocen el futuro! Es el cóctel por excelencia de la estupidez, o al menos uno de los más elaborados: adivinación del futuro (nadie sabe cómo), movimiento de objetos (nadie sabe cómo) y comunicación telepática (nadie sabe cómo), a cargo nada menos que de mentes inexistentes.

Podría prescindir de este apartado en el libro, ya que se trata de un tema demasiado ridículo. Sin embargo, quiero dejarlo como parte final de este capítulo ya que, de forma curiosa —y lamentable—, hay una cantidad enorme de personas en nuestra sociedad actual que consideran que todo eso, ese compendio de irracionalidad, es cierto. No tiene ni pies ni cabeza, pero la credulidad de mucha gente, que se agarra a lo que tiene o a lo que le ofrecen, es todavía más fuerte.

Espero que después de haber llegado hasta aquí, y comprendido algunos de los mecanismos de tu sistema nervioso que dan lugar a la emergencia de la mente, todos los ejemplos expuestos en este capítulo te parezcan tan ridículos como a mí. Pero sin estos conocimientos mínimos, es normal que mucha gente se sienta desorientada y no sepa diferenciar entre ciencia y pseudociencia, entre los mecanismos que han sido puestos a prueba mediante la racionalidad científica y aquellos que no son más que invenciones y supercherías.

Epílogo

Los humanos que pintaron la cueva de Altamira eran al nacer esencialmente iguales a cualquier humano de hoy en día. Iguales a ti, Julia. El sistema nervioso de aquellos bebés del Paleolítico se abría al mundo con unas capacidades de creatividad y planificación similares a cualquier bebé actual. El desarrollo mental de cada uno de aquellos seres humanos de la prehistoria dependía de sus habilidades innatas y de los estímulos que pudieran recibir a través del lenguaje, la interacción social y la asimilación de la cultura existente. Igual que hoy.

La diferencia es que en los últimos 10 000 años el desarrollo tecnológico y cultural ha sido abrumador. Los jóvenes humanos de hoy en día tienen acceso a una asombrosa cantidad de información. Ahora tenemos teorías que permiten explicar de manera coherente el desarrollo cósmico y la evolución biológica, sabemos qué son las estrellas, cómo se forman y de dónde sale la luz y el calor que nos da la vida. Comprendemos con gran detalle muchos procesos de la biología humana y de otras especies vivas, hasta el punto de poder diseñar fármacos y procedimientos para curar enfermedades o modificar las capacidades innatas. No nos limitamos a comer para sobrevivir, sino que combinamos productos y sabores por el simple hecho del placer gastronómico. Y nos comunicamos. Transmitimos información como nunca antes se había hecho. La mayor enciclopedia del planeta está en tu teléfono móvil. Acceder a la información ya no es un problema, otra cosa es digerirla y transformarla en conocimiento.

Resulta sorprendente que el mismo encéfalo humano que servía sus funciones vitales hace 10 000 años asimile hoy, con total naturalidad, un mundo cultural completamente distinto. Un mundo que, al fin y al cabo, es el producto de ese mismo encéfalo, esa máquina de la creatividad y el lenguaje de la que emerge algo tan intangible como el "yo".

El mundo está ahí afuera, Julia, delante de ti. Tienes a tu disposición toda la cultura y el conocimiento acumulado por los seres humanos. Lo que hagas con él dependerá de ti.

Para leer más

La edición de libros y otros materiales sobre el sistema nervioso, el cerebro y otros aspectos relacionados con la mente es muy abundante, debido al evidente interés que la mayoría de las personas siente sobre los mecanismos que rigen la conducta. A continuación señalo algunos títulos que me han parecido de especial interés.

Calvo Roy, Antonio, Cajal, triunfador a toda costa, Alianza, Madrid, 1999.

Escrito por uno de nuestros mejores divulgadores científicos, este libro nos lleva de viaje a través de la vida y la ingente obra de investigación de uno de los padres de la neurociencia.

Churchland, Paul, Materia y conciencia, Gedisa, Barcelona, 1999.

Para entender de forma más completa la máquina de la mente es importante profundizar también en su filosofía. Esta es una obra sencilla escrita por uno de los principales filósofos de la mente.

Damasio, Antonio, Y el cerebro creó al hombre, Destino, Barcelona, 2010.

Damasio es uno de los pocos neurocientíficos que se atreve a plantear con rigor la emergencia de la mente consciente. En este libro nos pone al día de una manera accesible sobre sus teorías de la construcción del "yo".

Doidge, Norman, El cerebro se cambia a sí mismo, Aguilar, Madrid, 2008.

Las capacidades de plasticidad neuronal permiten una remodelación y adaptación del encéfalo a lo largo de toda la vida. En esta obra se muestra, mediante varios casos significativos, hasta dónde puede llegar la reorganización neuronal.

González Álvarez, Julio, Breve historia del cerebro, Crítica, Barcelona, 2010.

Un libro muy bien escrito y ameno que revisa el funcionamiento del sistema nervioso tomando como hilo conductor el desarrollo histórico de los descubrimientos más relevantes.

Linden, David, El cerebro accidental, Paidós, Barcelona, 2010.

Una de las mejores obras de puesta al día general sobre los últimos descubrimientos de la neurociencia y las ciencias cognitivas, escrito por un conocido neurocientífico estadounidense.

Llinás, Rodolfo, El cerebro y el mito del yo, Norma, Bogotá, 2003.

Una obra que profundiza en el sentido evolutivo del sistema nervioso, su relación con la generación de movimiento y el desarrollo de la mente, escrito por uno de los grandes neurocientíficos de nuestra época.

Ramachandran, Vilayanur, y Sandra Blakeslee, Fantasmas en el cerebro, Debate, Barcelona, 1999.

Cómo hace el sistema nervioso para procesar y construir las percepciones conscientes, explicado por el original Ramachandran.

Rojas Marcos, Luis, Eres tu memoria, Espasa, Barcelona, 2011.

Un recorrido muy humano por los distintos tipos de memoria, su manera de funcionar, errores y estrategias de mejora, escrito por el conocido psiquiatra español afincado en EE UU.

Santamaría, Carlos, y Ascensión Fumero, El psicoanálisis ¡vaya timo!, Laetoli, Pamplona, 2008.

En la actualidad, la psicología es una disciplina que aborda con rigor y eficacia el estudio del comportamiento humano, pero no siempre ha sido así. Este libro nos explica por qué el psicoanálisis no es una metodología científica.

Sacks, Oliver, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Anagrama, Barcelona, 2004.

Una excelente obra del neurólogo Oliver Sacks, donde relata las conmovedoras historias de algunos de los casos clínicos más llamativos con los que se ha encontrado.

Thagard, Paul, La mente, Katz, Buenos Aires, 2008.

Interesante libro que muestra una visión de las ciencias cognitivas desde el punto de vista de la filosofía y la computación neuronal.

Índice

1. Una máquina que escribe poesía…………………………………………..2



2. ¿Para qué sirve todo esto?.......................................................................................10

3. Los sentidos: un refinado conjunto de sistemas de detección……………….14

4. La máquina de realidad virtual……………………………………………….21

5. Todo es una ilusión………………………………………………………….24

6. Cartografía encefálica………………………………………………………...28

7. La memoria…………………………………………………………………..31

8. Estable pero en continuo cambio…………………………………………….36

9. El cerebro partido…………………………………………………………….39

10. ¡Acción!.......................................................................................................................... 43

11. La maravilla del lenguaje……………………………………………………..47

12. Lenguaje y procesamiento encefálico………………………………………….49

13. El misterio del sueño…………………………………………………………..52

14. Marcando el ritmo…………………………………………………………......56

15. El problema mente-cuerpo……………………………………………………..58

16. Mente animal……………………………………………………………………61

17. Moléculas que cambian el "yo"…………………………………………………..63

18. Cuando la máquina se estropea…………………………………………………..67

19. La evolución del Cyborg………………………………………………………….72

20. El sueño del robot………………………………………………………………...75

21. Una central eléctrica en la cabeza………………………………………………….78

22. Chat neuronal………………………………………………………………………82

23. La caja de herramientas………………………………………………………………85



24. Y para finalizar, un cuento…………………………………………………………….90

Epílogo…………………………………………………………………………………….93

Para leer más ……………………………………………………………………………….94


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